Mis peces y yo
julio 23, 2009 en Mis locuras
Laura tenía 19 y yo 22 cuando empezamos a salir. Era mi último año de universidad y aquel verano sucedieron dos cosas dignas de remarcar: perdí la virginidad –tarde, lo sé- y gané un pequeño pez naranja en un puesto de lanzamiento de dardos de la feria local.
Nuestra relación no duró mucho, pero yo me quedé con Estreno, el pez. Durante unos meses dio vueltas en su bola de cristal, mirándome desde lo alto de una estantería, hasta que una mañana de otoño apareció flotando, quizá un suicidio ante nuestra próxima mudanza a un estudio de 34 metros cuadrados en la periferia de la ciudad.
Un año más tarde conocí a Ilu. Se llamaba María Ilusión, pero como el nombre le parecía muy cursi se hacía llamar Ilu, que era más guay. Para mi siempre fue Lilu, como la prota del 5º Elemento, aunque el parecido fuera más bien escaso… en fín. En nuestro primer mensuario -celebración del primer mes juntos, cosas de chicas-, me regaló un acuario de 20 litros, muy mono él, poblado por tres gupys y un caracol manzana. El caracol aguantó poco, ni nombre me dio tiempo a ponerle, pero las gupys, todas ellas hembras, recibieron el nombre de Lesbos 1, 2 y 3. Cuando Lilu cortó conmigo amenazó con llevarse el acuario, pero tras una sesión de súplicas y algo de negociación, se llevó a cambio un puñado de CD’s, un libro de recetas para dos, y un horroroso cojín bordado regalo de su madre que yo siempre había odiado. Las lesbos y yo nos quedamos solos, ¿quién necesita más?
Gatillazo fue el primer pez que compré yo, tras un lío de una noche con Vanesa. No recuerdo exactamente cómo llegamos a casa, los dos borrachos como cubas, pero aunque la chica era razonablemente atractiva ni ella ni yo logramos levantar mi… pasión. Por eso compré un limpiafondos, porque verlo comer me recordaría siempre lo que tuve que hacer para compensar a Vanesa aquella laaaaarga noche.
Después de aquello vinieron un puñadito de neones sosainas que me compré tras dos semanas de tonteo inútil con una chica de la oficina, y varios recambios para las lesbos, que no aguantaron las subidas de temperatura de un agosto especialmente caluroso. Aquella misma Navidad me autoregalé un acuario de 120 litros, una pequeña preciosidad full-equip, y aunque lo decoré y ajardiné con esmero, no compré ningún pez, prometiéndome a mí mismo encontrar una buena chica primero.
Todavía tengo los dos discos que Marta me regaló. Ya ni recuerdo qué nombres les dimos entonces, pero ahora se llaman Japuta y Traidor, en honor de Marta y del cabrón de Emilio, que se lo hicieron en mi propio apartamento un sábado que me tocaba trabajar. Hoy en día los discos comparten aguas con el sucesor de Gatillazo, un buen puñado de lesbos atemorizadas por los grandullones y Pajero, el caracol manzana que recorre los cristales lamiendo sin prisa pero sin pausa, siempre constante y fiel. Y cuando me acuerdo de Estreno, mi primer pez naranja, me pregunto si alguna vez volveré a sentir lo mismo…
Autor: Andreu Costa
No jodas, quita el link a mi web de trabajo, que no va a quedar muy serio. Por otro lado, espero que se entienda que es FICCIÓN: yo nunca he tenido discos! :P