En primer lugar, debemos aclarar que las instalaciones con CO2 funcionan mejor con acuarios de tamaño grande. El acuario típico de 100 litros (que es el más usado) es el mínimo aconsejable, pero un tamaño de 180 x 60 x 60 cm o mayor es mucho mejor: a mayor acuario, condiciones más estables. Pero esto no significa que un acuario grande con CO2 funcione a la perfección siempre, sino que lo que de verdad significa es que si todo va bien, tenderá a ir bien, pero si algo va mal y las condiciones empeoran, llevará más tiempo devolverlas a las condiciones óptimas.

Condición 1: Sustrato

Si tenéis la oportunidad de visitar un torrente tropical comprobaréis que hay zonas prácticamente libres de plantas y de repente, zonas en las que se acumulan muchas. Este fenómeno se explica por el término conocido como “manantial de nutrientes”.

Las plantas se concentran sólo en lugares en los que disponen de suficientes nutrientes para crecer todo el año. Un manantial de nutrientes consiste en un lugar en el que el agua, su corriente y el sustrato, contienen los macro y micronutrientes que necesitan las plantas. Esto se debe a que hay dos zonas bien definidas, la corriente de agua, altamente oxidante, y el sustrato, con atmósfera reductora. En el fondo, además, por la presión freática, existen zonas en donde el agua de la corriente atraviesa el fondo para volver a emerger en otras zonas en donde la atmósfera reductora ha conseguido modificar iónicamente los nutrientes para que sean inmediatamente asimilables por las plantas.

En un acuario, esta condición se simula con las lentas corrientes de convección que crea el cable calentador enterrado bajo el sustrato. Si elegimos un cable de la potencia correcta, el volumen de agua que atravesará el sustrato será aproximadamente la misma que el peso del sustrato mismo cada 24 horas. Esta lenta tasa de flujo proporciona las condiciones anaeróbicas controladas que se precisan para procesar los nutrientes.

La tasa de flujo también depende del tamaño de la grava; si es muy gruesa, la tasa será demasiado rápida; si es muy fina, será demasiado lenta. Por eso se recomienda usar grava con granos de entre 2 y 5 mm de calibre. El extra de oxígeno que atravesará el sustrato por convección será usado por las bacterias nitrificantes de la parte superior de la grava, dejando a las capas inferiores en condiciones de poca oxigenación. O lo que es lo mismo, lo que de verdad tenemos es un filtro biológico del tamaño de nuestro acuario. Por eso este tipo de instalaciones son tan estables.
plantas de acuario

Volviendo a los “manantiales de nutrientes”, el lugar en el que se concentran es, evidentemente, el sustrato. Si hay demasiados, el crecimiento de las algas será incontrolado; si son pocos, las plantas no crecerán bien. En el acuario, comenzaremos por usar una capa de sustrato preparado comercial (como por ejemplo Aqualit, de Hobby o Terralit de Aqualine), que contendrá mezclas de turba, arcilla, minerales, hierro y elementos traza. Evidentemente, esos nutrientes acabarán desgas- tándose y por eso debemos aportar cantidades controladas de nutrientes en forma de fertilizantes especiales para acuario. La corriente de convección creada por el cable calentador los trasladará a las capas inferiores del sustrato, donde podrán ser aprovechados por las plantas. Haciendo un símil con las condiciones naturales, el cable reproduciría el manantial (la suave corriente que atraviesa el sustrato), el fertilizante líquido, los nutrientes y el sustrato, el “procesador” de nutrientes.

Me imagino que ya tenéis claro que precisaremos de un cable calentador bajo el sustrato y un sustrato compuesto en su capa superior por grava de cuarzo de 2 a 5 mm de calibre. Si tenéis problemas en elegir la potencia del cable, la norma general aconseja entre dos y tres watios por cada 10 litros de agua. Toda esta información viene impresa en la caja o los manuales de uso del cable calentador, pero si aún tenéis dudas, consultad en vuestro comercio especializado.

Condición 2: El agua

Para poder proporcionar a nuestros peces y plantas las condiciones que necesitan, tenemos que ser conscientes de que el agua es esencial. Su calidad de inicio y las modificaciones y ajustes necesarios en los cambios de agua periódicos para mantener esa calidad son vitales. Como todos sabéis ya, los niveles de dureza en carbonatos que buscamos están entre 2-4 grados KH y la dureza general entre 4 y 7 GH. Sabéis también que el agua del grifo generalmente contiene tasas altas de nitratos que, además ya sabéis cómo eliminar, pero hay otro compuesto al que también debemos prestar atención: el fosfato.

Este es un nutriente esencial para las plantas y se produce en grandes cantidades como producto resultante del final de la cadena alimenticia y, con el tiempo, en todos los acuarios hay más y más fosfato si no se remedia. Desafortunadamente, las algas también lo usan y si hay demasiado fosfato, las algas serán imposibles de erradicar. Además de los cambios de agua, este agua debe contener lo mínimo o nada de fosfato, lo que nos lleva a recomendar el agua tratada con osmosis inversa. Evidentemente, el uso de este agua nos exigirá tratar el agua antes de añadirla al acuario para que mantenga los parámetros. Incluso si el agua de vuestro grifo no tiene demasiados niveles de nitrato y fosfato, la osmosis inversa os servirá para rebajar la dureza.

No es recomendable usar resinas intercambiadoras para este trabajo , pues como su nombre indica, cambian el calcio y magnesio (los que dan la dureza en carbonatos) por sodio, lo que mantiene el contenido en minerales exactamente en los mismos niveles que antes. Por si fuera poco, el sodio no es en absoluto beneficioso para las plantas. Lo que sí podemos usar son resinas absorbentes y en el mercado casi todas las firmas comerciales disponen de resinas antifosfato, etc., como por ejemplo los de Seachem.

Con los niveles de dureza correctos y con el añadido del CO2, el pH rondará los 6’3 a 6’6 y se mantendrá bastante estable, pero si queréis mantenerlo de verdad estable, existen controladores de pH que ahora ya no son tan caros como hace unos años.

Todos hemos leído acerca del pH, que se mide en una escala logarítmica, y que diferentes peces, provinientes de diferentes medios, prefieren un pH similar al de sus lugares de origen. Los del Malawi, por ejemplo, prefieren uno alrededor de 8’2, mientras que los Discos, tetras y rásboras, prefieren 5’5 a 7’5. Pero lo que casi seguro que no sabéis es que el pH afecta también a los nutrientes de las plantas y a otros compuestos del agua como el amoniaco NH3+ y el amonio NH4. Sabemos que el amoniaco es peligroso para los peces incluso en pequeñas cantidades, pero el amonio no les afecta demasiado. Los kits usuales no discriminan entre ambos, pero espero que lo que sigue a continuación os resulte de interés.

Estos dos elementos llegan a un equilibrio natural en el agua, y ese equilibrio está determinado por el pH. A valores bajos de pH, el porcentaje de NH4+ aumenta, mientras que el de NH3 disminuye. El NH4 gana un ion del agua para convertirse en NH4+. Esto significa que el pH bajo es más seguro para los peces que el pH alto (evidentemente dentro de unos límites marcados por las preferencias de cada pez). Pero hay otra razón todavía más interesante para mantener un pH bajo: el nitrógeno que necesitan las plantas de acuario pueden obtenerlo más facilmente del NH4+ y NH3 (via difusión por la membrana celular) que del nitrato NO3. De hecho, muchas plantas prefieren esta fuente de nitrógeno y en el caso de algunas Cryptocorynes (que no pueden asimilar el nitrógeno del nitrato), es la única fuente de nitrógeno disponible.

Bien, pues si el NH3 y NH4+ están en un equilibrio natural determinado por el pH, si las plantas absorben el NH4+ y algo del NH3, y el NH3 restante cambia naturalmente a NH4+ para mantener ese equilibrio, podemos asumir que habrá menos nitrificación, lo que significa que habrá menos nitrito (NO2) y como consecuencia, menos nitrato (NO3). Y como hay menos nitrato, tendremos una menor probabilidad de que aparezcan algas indeseables además de que nuestros peces y plantas también estarán más sanos. ¿Pero cómo podemos controlar el pH de manera tan exacta? Con el uso de CO2.
plantas

Condición 3: Calefacción

Volvamos al torrente tropical. Si nos descalzamos y metemos los pies en el agua notaremos que el sustrato está igual de caliente que el agua. Ahora, si nuestro acuario no tiene cable calefactor de sustrato y metemos un dedo en la gravilla, notaremos que está más fría que el agua: las plantas tendrán los “pies fríos”. Los cables calentadores no son nuevos en horticultura, se usan y mucho en invernaderos para promover el enraizamiento; se usan también en cultivos hidropónicos y hay muchos tipos en el mercado. La seguridad de estos cables es total y de hecho nunca he oido que uno de estos cables provocara un cortocircuito ni en instalaciones agrícolas ni acuáticas.

Las marcas más comunes en acuariofilia son Aquaponics, Denerle, Dupla y Rena. Aunque podemos controlar la temperatura del cable manualmente, os recomendamos el uso de un termostato y de entre los del mercado, el fabricado por Denerle es especialmente útil, pues controla tanto el cable como el calentador tradicional. Recordad que el cable no se usa principalmente para calentar el agua del acuario (para eso usamos también el calentador tradicional colgado en una de las paredes) sino para provocar las suaves corrientes de convección que hacen que el agua atraviese el sustrato.

Hay aficionados que usan mantas eléctricas bajo el acuario (por fuera) pero estas no son válidas para nuestros propósitos pues sólo calientan el agua, pero no crean corrientes de convección. Por no hablar del problema potencial surgido por la interacción de la manta eléctrica, el cristal y el agua, que pueden hacer (y lo hacen muy a menudo) que el agua del acuario tenga una mínima corriente eléctrica no muy agradable ni para los peces ni para nosotros.

Con la regla anteriormente mencionada de 2-3 watios por cada 10 litros de agua, el cable calentador mantendrá el sustrato unos 2 grados por encima de la temperatura del agua, que, a su vez, estará a unos 2-4 grados más caliente que la habitación; si la habitación está a 20 grados, la temperatura del acuario estará en torno a los 24 grados, quizá un poco frío. Por eso, recomendamos usar además un calentador tradicional que eleve la temperatura del acuario hasta los 26-27 grados. Si hace más calor en la habitación (o es verano), el calentador simplemente no se encenderá y el cable será suficiente para mantener la temperatura estable. Si aún hace demasiado calor y no tenemos un termostato conectado al cable, tendremos que estar pendientes y desconectarlo manualmente, de ahí que os recomendemos un termostato. Pero en cualquiera de los casos, el cable debe tener prioridad sobre el calentador externo, pues debemos mantenerlo en funcionamiento el máximo tiempo posible para que realice su función principal, que no es proporcionar temperatura, sino corrientes de convección, como ya os hemos dicho.

Condición 4: Filtración

El mayor error que podemos cometer al instalar nuestro nuevo acuario es elegir un filtro que “centrifugue” el agua, sobre todo si esperamos tener plantas en él. La mayoría de las plantas acuáticas que usamos en nuestros acuarios proceden de ríos y charcas o lagos con flujo laminar de agua, aguas lentas o aguas semiestancadas y no se acostumbran fácilmente a la salida del chorro de agua procedente del filtro o de la cabeza impulsora (dejando a parte las instalaciones marinas).

Pero sí debe haber un movimiento de agua, por supuesto. Lo ideal es que el volumen del agua del acuario pase por el filtro cada hora. También es adecuado un filtro que filtre dos veces el volumen del acuario por hora, pero no más. Si el filtro es más capaz de lo dicho, podemos tener problemas de algas. Un movimiento ligero o agitación en la superficie del agua del acuario es necesario para que el agua “respire” y mantenga el contenido en oxígeno en los niveles correctos (ni sobre saturación ni depleción). Si la superficie está demasiado agitada, perderemos mucho dióxido de carbono (CO2). La razón por la que no es aconsejable un filtro demasiado potente o por la que no queremos condiciones con sobresaturación de oxígeno es que tenemos que evitar condiciones demasiado oxidantes, que degradarán demasiado rápido los nutrientes que nuestras plantas necesitan. Pero sin embargo, tenemos que eliminar los desechos procedentes de los peces; ¿cuál es el equilibrio, entonces?

Los desechos de los peces, como amoniaco, se oxidan por las bacterias transformandolos en nitritos y luego en nitratos y dadas las condiciones correctas (anaeróbicas), se transforman en nitrógeno. En nuestro sistema intentamos encontrar un equilibrio entre todos los componentes. El cable y la grava de hecho funcionan como un gran filtro lento y muchos acuarios grandes bien plantados y poco poblados pueden funcionar perfectamente sin ningún otro filtrado. Recordad que las plantas usan el amoniaco de los peces incluso antes de que este se oxide, así que no hay mucho nitrato que eliminar despues de todo. Algunas plantas de crecimiento rápido son capaces incluso de usar el nitrógeno a medida que es liberado por el proceso final de filtración.

Esto no significa que los filtros mecánicos o los cambios de agua no sean necesarios; de hecho, es altamente recomendable efectuar cambios de agua periódicos (al menos cada quince días) de un 25% del volumen. Eso sí, el agua que añadamos deberá igualar lo más posible las condiciones existentes en el acuario.

Algunos fabricantes recomiendan el uso de filtros seco-húmedos, y de hecho los acuarios con este tipo de filtro funcionan, pero tienen ciertos problemas. Por ejemplo, tienden a elevar el nivel redox y a usar grandes cantidades de CO2, justo el efecto contrario que pretendemos conseguir con la inyección de CO2. Por supuesto, podemos aumentar mucho los niveles de inyección de dióxido de carbono, pero ¡qué desperdicio! Para finalizar con el tema de la oxidación de los nutrientes, recomendamos el aporte de fertilizante líquido cada semana o quince días, e incluso existe en el mercado un dosificador de fertilizante de la marca Dupla que aporta ligerísimas y exactas cantidades cada día.

Condición 5: Iluminación:

Las plantas de acuario pertenecen al reino vegetal, y como tales poseen la cualidad especial de ser autótrofas; es decir, pueden construir sus tejidos y desarrollarse a partir de elementos y sustancias inorgánicas, a diferencia de los seres heterótrofos como los peces o nosotros, que necesitan alimentarse de materia orgánica ya constituida, absorbiendo así los nutrientes que necesita a través de la digestión. Ahora bien, esta magnífica reacción sería imposible sin una fuente de energía: La luz solar. En un acuario nosotros sustituimos la luz del sol a través de diferentes tipos de fuentes de iluminación según las necesidades:

– Tubos fluorescentes: Son los más empleados, ya que representan la opción más económica en acuarios de tamaño medio o pequeño. Su luz es muy difusa y pierde sus propiedades en el fondo del acuario si este tiene más de 35 cms de profundidad. Por otro lado, disponemos de gran variedad de espectros. Los mejores son los de tipo trifosfórico, aunque dan mejor resultado combinados con otros tubos más suaves. (ultra-tri-lux con aqua-glo de hagen, por ejemplo) buscad colores cálidos (poca temperatura de color o grados kelvin) y evitad los colores amarillentos. Foto períodos de no más de 10 horas.

– Luces T5: Aunque estas lámparas son más caras que los tubos fluorescentes, resultan interesantes si nuestras plantas son especialmente exigentes con la iluminación y nuestro acuario supera los 40-45 cms de profundidad. Tienen un consumo eléctrico bajo, no calientan el agua, su luz es más concentrada y natural, y su vida útil es cuatro veces mas larga que la de los tubos fluorescentes. A partir de 200 litros representa una buena opción. Foto períodos de no más de 8 horas.

– Luces HQI: Para acuarios de 400 litros o más grandes, o con columnas de agua de 50-60 cms en adelante, sólo este tipo de iluminación nos da la “talla”, ya que es la que nos ofrece la mayor capacidad de penetración del mercado. Aunque es la opción más cara de todas, es también la que alcanza mayor calidad y espectacularidad, dada su alta concentración lumínica y rendimiento. Debéis elegir lámparas de 5.000ºK de temperatura de color y foto períodos de no más de 6-7 horas.

Los acuarios de más de 60 cm de profundidad necesitan iluminación de lámparas de vapor de mercurio. Hay muchos estilos, de modo que seguro que encajan con la decoración de la sala. No son luces baratas, pero si queremos conseguir los mismos resultados con tubos fluorescentes estaríamos gastándonos más o menos el mismo dinero. Elegid lámparas con temperatura de color baja (bajo grado Kelvin). Algunas de las marcas en el mercado son Super Deluxe o Tropical de Dennerle. Más o menos tendremos que proporcionar entre 30 y 50 lumens por litro (unas 3 o 4 lámparas para un acuario de 650 litros). Una ventaja de este tipo de iluminación es que las lámparas tardan un poco en conseguir su potencial máximo, lo que estresa mucho menos a los peces que el fogonazo del resto de sistemas de iluminación. Seguro que os estáis preguntando porqué no recomendamos los halogenuros metálicos: porque su alta temperatura de color estimula el crecimiento de algas indeseables. Están muy bien para instalaciones marinas, pero no son los más adecuados para acuarios de agua dulce. Para finalizar, el periodo de iluminación debe oscilar entre 8 y 10 horas al día. Más horas además de no ser beneficiosas, pueden ser perjudiciales.

Condición 6: Inyección de CO2

Por fin, veamos cuáles son los beneficios de usar CO2 en nuestro acuario. Para empezar, recomendamos instalar un sistema de calidad y todo irá rodado. Hace unos años, el uso de CO2 era algo al alcance sólo de los más intrépidos aficionados, pero en la actualidad su uso es bastante sencillo. Aún así, existen sistemas semi-caseros (por fermentación) que exigen bastante control manual y “feeling” del usuario pero que son muy adecuados para acuarios de pequeño tamaño. Si no sois especialmente manitas, usad el sistema de inyección.

Aún hay quien discute su uso (afortunadamente, cada vez menos) aunque resulta evidente que el carbono es esencial para todos los seres vivos y quizá más para las plantas. De hecho, el carbono es el 50% del peso en seco de las plantas, pues usan el carbono para fabricar los hidratos de carbono de los que se alimentan y con los que forman las células mismas. La crítica más frecuente contra el uso de CO2 es la posibilidad de que asfixie a nuestros peces por la noche puesto que las plantas también liberan CO2 en ausencia de luz. ¡Falso! la cantidad de CO2 que estamos inyectando y el que producen nuestras plantas es infinitamente menor de la que se necesitaría para asfixiar nuestros peces.

Ya hemos hablado del pH y ahora vamos a ver cómo encaja en la ecuación el CO2. Hemos comentado que el pH del agua está influenciado por el CO2 y la dureza en carbonatos. Cuando suministramos CO2 al agua del acuario, una parte de él se vuelve ácido carbónico que, como otros ácidos, es tamponado por la dureza en carbonatos (KH). Sólo una parte del CO2 se disocia de esta forma y sabiendo el KH y el nivel de CO2, podemos averiguar cuál es el pH. Si el KH es 4 y el CO2 es de 35 mg/l. el pH será de 6’6. Si incrementamos el nivel de CO2 a 60 mg/l. el pH será de 6’3.

Si tenemos un sistema manual, tendremos que usar un kit de control de calidad de agua para aumentar o disminuir el nivel de CO2 de acuerdo a las lecturas de pH teniendo como base el KH. Usando esta fórmula, ajustaremos la dosis de CO2 para mantener el pH estable en los niveles deseados. Si usamos un control manual, debemos ir poco a poco aumentando las dosis de CO2 hasta que nos acostumbremos a manejar todos estos parámetros correctamente hasta llegar al nivel de CO2 óptimo para nuestras condiciones.

A medida que las plantas crecen, necesitarán más CO2 y tendremos que aumentar la cantidad de burbujas; si por el contrario hacemos una buena poda, tendremos que reducir ligeramente las burbujas de CO2 que llegan al acuario. Si por el contrario preferimos un controlador automático de pH, la historia es un poco diferente. De entrada tendremos que calibrar el controlador, lo que viene muy bien explicado en los manuales y no es difícil. Pero aquí lo que determinamos primero es el pH que queremos mantener. Teniendo como base que la dosis estandar es de 35 mg/l. consultaremos la tabla de valores de KH, pH y CO2 que os ofrecemos aquí.

Entonces, modificaremos las condiciones de KH del agua de nuestro acuario hasta que encaje con el pH deseado y así sabremos qué dosis de CO2 administrar. Lo que la mayoría de controladores hacen es detener la inyección de CO2 cuando el pH baja hasta el nivel requerido y reanudar la inyección si el pH aumenta. De todas formas, los controladores no son absolutamente exactos y generalmente permiten unas oscilaciones de 0’1 pues las lecturas en un punto del acuario no implican que todo el acuario tenga los mismos valores y el controlador se “volvería loco” si lo intentara mantener absolutamente exacto. Los controladores funcionan y lo hacen bien, pero no son absolutamente imprescindibles (la Naturaleza tampoco es perfecta y los peces y plantas viven bien con fluctuaciones controladas de pH).